Dimoni
Dimoni de Vicente Blasco Ibáñez Desde Cullera a Sagunto, en toda la valenciana vega no había pueblo ni poblado donde no fuese conocido. Apenas su dulzaina sonaba en la plaza, los muchachos corrían desalados, las comadres llamábanse unas a otras con ademán gozoso y los hombres abandonaban la taberna. -¡Dimoni!... ¡Ya está ahí Dimoni! Y él, con los carrillos hinchados, la mirada vaga perdida en lo alto y resoplando sin cesar en la picuda dulzaina, acogía la rústica ovación con la indiferencia de un ídolo. Era popular y compartía la general admiración con aquella dulzaina vieja, resquebrajada, la eterna compañera de sus correrías, la que, cuando no rodaba en los pajares o bajo las mesas de las tabernas, aparecía siempre cruzada bajo el sobaco, como si fuera un nuevo miembro creado por la Naturaleza en un acceso de filarmonía. Las mujeres que se burlaban de aquel insigne perdido habían hecho un descubrimiento. Dimoni era guapo. Alto, fornido, con la cabeza...
Estás vendo %%% do contido deste artigo.
Solicita acceso á túa biblioteca para consultar os nosos recursos electrónicos.
Vantaxes para ser un usuario rexistrado.
Acceso sen restricións a todo o contido da obra.
Só información verificada de selos editoriais de prestixio.
Contido de autores recoñecidos e actualizacións diarias.
A nova plataforma do Consorcio ofrece unha experiencia de busca fácil de usar e altamente utilizable. Contén funcións únicas que che permiten navegar e facer consultas dun xeito áxil e dinámico..
Convenios especiales: Ensino Bibliotecas públicas