El anciano Ayatollah Jomeini

Introducción

Entrenamiento militar de guardianes de la Revolución Islámica

1 de febrero de 1979 la atención del mundo se volvió hacia el aeropuerto de Meharabad, en Teherán. Allí, rodeado por miles de hombres, mujeres niños que habían perdido el miedo a la muerte, un anciano clérigo musulmán acababa de llegar en un vuelo de Air France desde París para hacerse con las riendas del país más poblado, más extenso, más poderoso más rico de todo el medio oriente: Irán. El anciano, Sa Ed Ruhollah Musavi Jomeini, del linaje del profeta Mahoma, gran a Ayatollah del islam chiíta duodécimano, contaba a la sazón 79 años culminaba entonces su sueño de derrocar a Mohamed Reza Pahlevi, re de los arios. Su mirada adusta, sus ojos penetrantes su frente surcada por una línea profunda, el Ayatollah Jomeini era, aquel día de febrero, uno de los fenómenos de masas más destacados del siglo XX. Sus palabras, recogidas en el exilio e introducidas clandestinamente en Irán en cintas magnetofónicas, habían servido como guía para la acción de decenas de conspiradores, primero, de centenares de miles de seguidores después, a lo largo de aquellos duros años de lucha por destronar al dueño del Trono del Pavo Real, Pahlevi, dueño también del quinto ejército más poderoso del mundo, titular de la alianza más sólida con Washington en toda Asia propietario de fabulosas cantidades de petróleo.

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