El Guernica en la borrasca del mundo

Introducción

En la cima del monte Cosnoaga un hombre agitó una bandera roja. Otro la vió desde la torre de una iglesia de Guernica, y comenzaron a repicar todas las campanas: se anunciaba así que llegaban aviones enemigos. Eran las cuatro y media de la tarde del 26 de abril de 1937: día de mercado. En la ciudad había diez mil personas: tres mil de ellas refugiadas de otros pueblos ocupados o bombardeados. Durante tres horas y media se turnaron los bombarderos y los cazas. El 27 de abril la delegación oficial de Euskadi en Valencia (el gobierno trashumante de la República estaba allí) publicó una nota oficial: «Ayer por la tarde quedó reducida a ruinas y escombros la villa de Guernica: su Casa de Juntas, el árbol de su tradición, el caserío que formaban sus calles señeras e hidalgas, cayeron bajo el bombardeo de la aviación rebelde (...). Allí estaba Guernica. Entre sus ruinas solamente quedan cadáveres carbonizados en gran cantidad. Los que la evacuaron, hombres, mujeres y niños, sacerdotes de Dios y gentes civiles, fueron perseguidos por la metralla. Guernica, con su archivo, biblioteca, museo y tradición, ha pasado al seno de lo histórico.

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