La muerte de Mao y el giro de China

Introducción

El 9 de septiembre de 1976 moría a los 82 años, en el mismo ambiente de austeridad que había elegido para vivir, uno de los grandes forjadores de la historia del siglo XX: Mao Tse-tung, líder de un viejo país que casi contaba ya con 1.000 millones de habitantes. «China no es la de antes y su pueblo ha dejado de ser, estúpido, ya nunca volverá a ser la sociedad feudal del emperador qin», anunciaba un dazibao (periódico mural) pegado por manifestantes críticos de la política maoísta en la plaza Tian Anmen de Pekín, cinco meses antes de la muerte del líder comunista (Mao era un admirador de la obra unificadora y el Estado autoritario impuestos por el mencionado emperador). El proceso de «desmaoización», iniciado tímidamente a nivel oficial un mes más tarde de la muerte del Gran Timonel, y acelerado a partir de 1977, ya había comenzado en las bases mucho antes, tras los excesos de la Revolución Cultural (1966-1969).

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